Educación en alerta roja: no hay tiempo para perder

(Por Carlos E. Biscay, CEO de e-ABC Learning) La educación latinoamericana está en crisis. Una crisis anunciada, que venimos anticipando desde hace varios años desde la práctica educativa, aunque nuestras advertencias no hayan sido debidamente escuchadas. Tenemos las experiencias fallidas de las cuales sacar conclusiones superadoras que permitan resolver la situación. Contamos con las estadísticas que marcan las deficiencias puntuales que tienen los sistemas educativos de cada país. Sin embargo y pese a poseer todos los indicadores necesarios, las naciones latinoamericanas no reaccionan. Lejos de plantearse modificaciones estructurales que ayuden a revertir el proceso en el que estamos inmersos, no se concentran en producir los cambios que requiere la educación actual, o confunden medios con fines, malgastando recursos y perdiendo el foco sobre la necesidad de implementar modelos pedagógicos innovadores, y a partir de allí capacitar a los docentes a partir de los nuevos paradigmas educativos.

 

Los ejes fundamentales para sustentar una mejora en la práctica educativa y revertir el proceso progresivo de decaimiento del rendimiento escolar en el que estamos inmersos, residen en fortalecer las políticas educativas, que comprendan que la educación no es un servicio sino un derecho, y producir instancias de capacitación docente que tengan un impacto pedagógico superador y constatable.

 

No obstante, los ajustes que deben realizarse a nivel estructural y pedagógico no se producen. Y los resultados son cada vez más desalentadores.

 

De hecho, América Latina está por debajo de los estándares globales de rendimiento escolar. En particular, Perú, Colombia, Brasil y Argentina se encuentran entre las diez naciones con peor rendimiento escolar, cuyos estudiantes tienen un nivel por debajo de los niveles de conocimiento básico en al menos una de las tres asignaturas principales evaluadas: lectura, matemáticas y ciencia. Así lo revelaron los resultados principales del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, también conocido como Informe PISA, que analiza a las 64 naciones de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

 

En promedio, sobre el total de los países evaluados por el informe "Estudiantes de bajo rendimiento: por qué se quedan atrás y cómo se les puede ayudar", casi 4 millones de alumnos de 15 años tienen bajo rendimiento en matemáticas, y casi 3 millones en lectura y ciencia.

 

¿Qué está ocurriendo?

 

En el ámbito educativo muchas veces se confunden fines con medios. La tentación es enorme, y mucho mayor que en cualquier otro ámbito del desarrollo humano. Por ejemplo, pareciera ser que la tecnología es la respuesta a los problemas de la práctica educativa, la clave para una educación de calidad e inclusiva, o la llave para revertir la caída del rendimiento. Definitivamente no es así. La tecnología es un medio, que puede apoyar al docente en determinadas circunstancias, partiendo de una sólida orientación pedagógica.

 

Como informático, con una dilatada práctica en el ámbito educativo docente y empresarial, no dejo de sorprenderme por la abrumadora cantidad de recursos tecnológicos que tenemos comprometidos en los procesos de enseñanza y aprendizaje, sin una estrategia clara con una orientación adecuada, que se sustente en una sólida pedagogía. También sorprende el tiempo que se ha perdido por considerar y aplicar como fines, a los medios. Sin duda, el camino hacia lo peor comienza cuando creemos que esos recursos nos llevan por sí mismos a la excelencia educativa. Todos sabemos que cotiza más un ingeniero que un docente.

 

Edith Litwin, a quien considero mi maestra, hacía hincapié en la importancia que tiene el fortalecimiento de las prácticas educativas, la didáctica y la teoría de la comunicación dentro del campo de la tecnología educativa, tanto en el docente y en el aula, como en la cultura, la sociedad y la política. Y desde ahí, apoyándonos en esa base estructural,  provocar a la tecnología para que encuentre respuestas adecuadas a las necesidades y los requerimientos que hoy plantea la educación.

 

En vano sería desplegar estrategias de educación digital cuyos componentes educativos  no tuvieran sentido. No todos los caminos no llevan al cumplimiento de los objetivos pedagógicos que buscamos.

 

A partir de estas reflexiones, que no apuntan a considerar si un sistema es el apropiado, sino a analizar lo que está ocurriendo actualmente con la educación, me parece importante compartir el informe ‘No time to lose: how to build a world-class education system state by state’. Se trata de un proyecto impulsado por un grupo de legisladores norteamericanos (demócratas y republicanos), en el marco del cual realizaron un viaje de 18 meses con la misión de estudiar algunos de los sistemas educativos con mejor rendimiento del mundo, incluyendo los de Finlandia, Hong Kong, Japón, Ontario, Polonia, Shanghai, Singapur y Taiwán. Su objetivo: construir un sistema de educación de calidad mundial, impulsado por el Estado.

 

Esto me trae a la memoria otro viaje inspirado en razones similares y realizado por Domingo Faustino Sarmiento, quien fuera presidente de Argentina en la segunda mitad del siglo XIX, y un ferviente impulsor de la mejora en la educación como base para lograr el progreso científico y cultural. Hace más de 150 años, cuando Sarmiento residía en Chile como exiliado político, recorrió varios países con el propósito de obtener conclusiones que pudieran derivar en la implementación de un sistema educativo de calidad.

 

La misión le fue encomendada por Manuel Montt, ministro de Educación de Chile en aquel entonces, y se prolongó durante varios años, entre 1845 y 1848, en los que Sarmiento estudió y evaluó las nuevas corrientes pedagógicas, implementadas en Uruguay, Brasil, Francia, España, Austria, Argelia, Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Panamá y Cuba. Sus experiencias quedaron reflejadas en el libro ‘Viajes por Europa, África y América’, y las conclusiones de su análisis luego se vieron plasmadas a través de la política educativa que implementó en Argentina, sacando al país del analfabetismo casi por completo; es decir, resolviendo el mayor problema educacional del momento, y sentando las bases de un modelo exitoso para estructurar la educación de los siguientes años.

 

Siendo presidente de Argentina, Sarmiento dispuso en 1869 que se realizara el primer censo nacional, producto del cual se conoció que el país tenía 1.836.490 de habitantes y que los analfabetos alcanzaban al 72% de la población. Solamente el 1% de los argentinos había podido graduarse en alguna carrera universitaria.

 

Sarmiento estudio la experiencia pedagógica de otros países, luego tuvo los indicadores locales, y a partir de allí diseñó las políticas educativas que permitieran mejorar la realidad educacional de su país, con un fuerte foco en la capacitación docente.

 

Los gobiernos actuales deberían recorrer el mismo camino y apoyarse en los especialistas, que, desde una visión integral y transversal, podamos aportar al desarrollo del sistema educativo, adaptándolo a los nuevos modelos pedagógicos y orientándolo a resolución de los problemas de rendimiento que hoy condicionan el crecimiento y desarrollo de las sociedades.

 

El estudio de la OCDE mencionado al principio del presente artículo, señala que "el bajo rendimiento en la escuela tiene consecuencias a largo plazo tanto para los individuos como los países. Los alumnos con un rendimiento bajo a los 15 años tienen más riesgo de abandonar completamente sus estudios; y cuando una gran proporción de la población carece de habilidades básicas el crecimiento económico de un país a largo plazo se ve amenazado".

 

Por lo tanto, y como titula el informe de la comisión bicameral estadounidense: “No hay tiempo para perder”. La situación educativa de la región es cada vez más comprometida y la toma de decisiones resulta imperativa.

 

Fuentes:

 

 

 

 

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