La implementación de proyectos de e-learning evolucionó en los últimos años, a medida que se incorporaron nuevas tecnologías, se innovaron los procesos pedagógicos, surgieron nuevas necesidades formativas, y se modificaron los hábitos sociales de consumo de información.

Por ello, es importante analizar cuáles son las mejores prácticas que se deben considerar al momento de planificar y ejecutar una iniciativa de formación online:

1. Incorporar tecnología sin una propuesta pedagógica, pone en riesgo un proyecto.

2. Integrar las plataformas de e-learning con herramientas tecnológicas que sean de uso cotidiano por parte de profesores y estudiantes, brinda la posibilidad de mejorar estadísticas, obtener backups más veloces, lograr mayores niveles de seguridad, alcanzar óptimos niveles de eficiencia, y simplificar el acceso de los usuarios.

3. Desarrollar experiencias de aprendizaje innovadoras, sumando herramientas de colaboración y comunicación avanzadas.

4. Ejecutar un modelo que permita acompañar a profesores y tutores durante el proceso de implantación y asimilación de cada proyecto y las herramientas que le dan soporte.

5. Soporte: la asistencia técnica local y la concepción de un sólido centro de atención al cliente, son esenciales, ya que uno de los mayores factores de incidencia en la pérdida de alumnos por parte de las instituciones educativas se origina en una mala atención o respuesta frente a una consulta, pedido de apoyo o reclamo.

6.Crear contenidos de calidad, que puedan dar respuesta a los actuales hábitos de acceso a la información y el aprendizaje, acompañar eficientemente a las innovaciones formativas actuales, y aprovechar la ubicuidad, movilidad y accesibilidad, que hoy plantean los dispositivos móviles.

7. Engagement: la combinación de todas las prácticas mencionadas provocarán elevados niveles de compromiso, participación e interacción, mejorando los resultados.