(Por Coni Marino; actriz, cantante, guionista y docente) Poner límites a nuestros hijos en al uso de la tecnología es difícil porque tanto ellos como nosotros estamos descubriendo las posibilidades de la tecnología que si bien nos abre a un mundo de conocimiento  a la vez nos  expone y no deja más vulnerables.

Mi hija de 13 años es una adolescente hermosa y responsable que no escapa a las costumbre de las chicas de su edad; sube fotos propias diariamente, a menudo varias veces al día. Todo es fotografiado, todo es expuesto para poder existir en este nuevo paradigma de  intimidades expuestas.  En una ocasión vi en su Instagram publicaciones de fotos personales que no me parecían adecuadas, se lo dije y le pedí por favor que las sacarlas, por supuesto se enojó conmigo. Ella me pidió conocer las razones y entonces decidí que debíamos hablar sobre cosas que hubiera preferido dejar para más adelante.

No fue fácil, me senté junto a ella y vimos las fotos. Eran lindas, se las había sacado sentada en mi cama, (porque buscaba un espejo para poder fotografiarse ellas misma), su rostro emulaba tímidamente gestos  provocadores, sensuales. Se lo dije y se enojó, me dijo;-nada que ver mamá, yo no lo hago para eso-. Yo podía ver en sus ojos que no entendía  bien de que le hablaba.  Le expliqué que toda imagen que circula emite “signos”, y que sus fotos estaban llenas de signos; los gestos, el ámbito que rodeaba la foto, el vestuario, la luz, etc. Esos significados dispararían cosas diferentes para cada receptor. Cuando Le dije que emitía “signos” aunque no tuviese conciencia porque ni siquiera los termina de entender, me dijo; -¿Qué signos mamá?, exageras, no pasa nada, es una foto-. Entonces le amplié su foto: Se veía ella con ropa informal, sentada en mi cama, de piernas cruzadas y mirando a la cámara. Le mostré que mi cama doble se veía detrás y tenía las sábanas revueltas… le dije;- ¿vos querías mostrar una cama? ¿Por qué pones de fondo una cama con las sábanas revueltas? ¿Qué crees q piensa el que ve una cama detrás? ¿No te parece un lugar privado? Se puso colorada, y no sabía que decirme… la conversación fue larga, pusimos ejemplos y finalmente entendió que en sus fotos había “signos” que no estaban a la altura de su comprensión ni en su intención, pero que iban a ser vistos por personas diferentes que leerían en esos “signos” lo que le cuadrara a sus deseos, o a sus edades, o a sus búsquedas personales.

El uso excesivo de las redes sociales por parte de nuestros hijos, la información indiscriminada a la que pueden acceder, la circulación de datos personales; que los convierte en posibles víctimas de engaños en algunos casos riesgosos; son solo algunos ejemplo de los peligros del uso de las nuevas tecnologías que nos enfrenta con una problemática socio cultural que requiere atención y campañas preventivas.

Haciendo un recorrido por buenas campañas sobre el uso discrecional y responsable de redes, observé los tópicos en que se basan. La mayoría alerta sobre el riesgo que acarrea  la exposición a personas desconocidas a través de fotos y datos personales con alcance ilimitado, y busca concientizar a los adolescentes en torno a que lo publicado pasa a ser de “todos” los  individuos del mundo global, imposibles de cuantificar, y calificar. A modo de ejemplo:

El tema es complejo y merece ser pensado desde varios puntos de vista. Un agravante de esta problemática es que la prevención es la única solución, ya que una vez que una publicación daña a una adolescente, no hay modo de revertir ese daño.

La circulación de nuestros hijos en las redes no es sólo una moda o una práctica pasajera. Hoy asistimos al  surgimiento de una nueva subjetividad: la conformación del sujeto ya no es en la intimidad sino en la red. Esta realidad nos atraviesa a todos. A muchos adultos nos cuesta entrar en estas relaciones virtuales pero  nuestros hijos son los hijos de este tiempo y no sienten contradicción con esta nueva forma de construir subjetividad. La antropóloga Paula Sibila autora de “La Intimidad como espectáculo” (Sibila.P, 2008)  refiere en su libro a esta transformación de la subjetividad. Dice Paula Sibila (2014)

“La palabra intimidad suponía un límite entre el espacio privado y el público, suponía la protección de la mirada del otro, para ello estaban las paredes que nos daban esa privacidad. Estas paredes eran sostenidas con valores morales como el pudor, el recato(…). La intimidad no suponía espectáculo, no suponía exponerse. Con la transformación  de la intimidad en espectáculo, a partir de las nuevas tecnologías y de la masificación del uso de internet para exponer la vida privada, se transformó la intimidad en extimidad (…) asi las redes sociales en todas sus formas tinder, tweeter, Facebook, snapchat, son vitrinas en las cuales nos mostramos. Vidrieras en donde mostramos nuestra intimidad y juzgamos en función de lo que se ve. Sucede en las redes una administración de uno mismo,  así la vida de cada uno es convocada a preformar, a realizarse en escena. Aprendimos a vivir visibles y conectados en una visibilidad permanente. Así visibilidad y conexión constituyen nuestra subjetividad

En este contexto socio cultural nuestros hijos crecen, se conforman, y afirman su personalidad.

Traigo esta mirada porque creo que hay que seguir reflexionando en cómo ayudar a nuestros hijos en el desafío de poder protegerse de los peligros de los usos de tecnología y a la vez  desplegarse en estos nuevos modos de relacionarse y de “ser” en las redes. Cabe preguntarnos junto a ellos ¿cómo elegimos hacernos visibles? ¿Qué decidimos compartir en nuestras publicaciones? ¿Qué escena mostramos en las imágenes que subimos?

Todo contenido audiovisual aunque no sea artístico refleja mundos, una foto, un video, una selfie.

Como madre de una adolescente sé que poner la prohibición por delante no es efectivo y tampoco lo es pretender que abandonen esta práctica.  Debemos trabajar para hacerlos responsables, conscientes de sus propios usos de la tecnología. Ellos a cada segundo al subir sus imágenes o videos sin saberlo crean contenidos que comparten en redes. Ellos suben imágenes propias, pero no tienen conciencia de que están siendo “creadores de contenidos”. Considero de utilidad hacérselos saber, y no veo campañas que aborden este aspecto, por eso invito a observar una dimensión poco atendida de este fenómeno global. Creo que la concientización de nuestros hijos como creadores de contenidos puede dotarlos de una mirada más completa y más compleja sobre los significados que están presentes en sus publicaciones, atenuando así algunos peligros latentes.

Las adolescentes mujeres, sin duda son más adeptas a esta práctica. Nuestras hijas son motivadas a consumir un modelo de mujer-adolescente-mercancía. Ese consumo la lleva a admirar e imitar a cantantes y you tubers, que se venden en un mercado de imágenes y fotos torpemente sensuales o sexys. Este consumo conforma en las adolescentes cultura e identidad. Aclaro que no desconozco los cambios que se están produciendo en las conciencias de nuestras hijas mujeres y los celebro, pero no son condiciones excluyentes.

Si se detienen a observar con sus hijas la cantidad de signos que habitan en sus fotos verán que, por ejemplo el ámbito donde se fotografían, suelen ser espacios íntimos como baños y cuartos. Así, mostrando esa intimidad de escenas privadas en vidrieras virtuales, es más probable que generen cosas que muchas veces no pretenden generar, y que en todos los casos no pueden manejar.

Quise compartir mi experiencia como madre, porque para nosotras fue una conversación importante que creó nuevos acuerdos.  Desde entonces ante la duda me pregunta y acepta mis sugerencias incluso cuando no le permito subir una foto. Ahora entiende el porqué. Además tiene información para observar con otros ojos lo que decide publicar. Las adolescentes no se detienen a pensar que todo eso que se ve detrás también emite “signos” que no están a la altura de comprender, ni  responder, ni hacerse cargo. Signos que las exponen más de lo que ya están expuestas al subir sus fotos diariamente.

En medio de las transformaciones que desata la era digital, los padres debemos adaptarnos y dar nuevas respuestas. Será útil profundizar desde variados puntos de vista sobre la exposición en redes. Las campañas les transmiten cierto “temor” ante los riesgos que corren al exponerse y esto no está mal, pero también debemos lograr que tengan responsabilidad y pongan su ojo atento, en los “signos y contenidos” de sus publicaciones con las que, querramos o no, se mostraran y se vincularan con sus pares.

 

Coni Marino (conimarino@gmail.com) es actriz-cantante-guionista-docente. Estudia sociología en la UBA. Conduce y anima eventos empresariales, y dicta seminarios de coach vocal y oratoria.

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Citas

  • Sibila, Paula (2008). “La intimidad como espectáculo”. Ed; Fondo de cultura económico. México.
  • Sibila, Paula (2014). “La construcción de las subjetividad en red”. De Enter Fórum. Sitio web, https://www.youtube.com/watch?v=fSi5u5rp2b4