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Educación en alerta roja: las alarmas siguen sonando pero no las escuchamos

(Por Carlos E. BiscayCEO de e-ABC Learning) Un estudio de opinión realizado por Management & Fit para el diario argentino Clarín, reveló que el 75% de la sociedad cree que el sistema educativo no está funcionando bien, responsabilizando a las políticas públicas (29,4%) y a la falta de capacitación docente (24,2%), como las principales causas de esta situación (ver artículo publicado por Clarín).

 

En dos artículos que publiqué recientemente sobre el estado crítico de la educación en América Latina, justamente analizaba a estos dos vectores como las principales razones por las que muchos de los sistemas educativos de la región, estaban siendo aplazados en las evaluaciones internacionales de rendimiento educativo. La creciente evidencia que se sigue acumulando, no hace más que confirmar el diagnóstico que hicimos en ‘Educación en alerta roja: no hay tiempo para perder’ y en ‘Educación en alerta roja: urgen realizar cambios en profundidad’.

 

Sin embargo, pese a que se acumulan los indicadores y desde el plano de la experiencia continuamos emitiendo voces de alerta, los ajustes y cambios que deben realizarse en profundidad y en forma urgente, no llegan; y como consecuencia de ello se posterga la posibilidad de revertir el proceso de deterioro educativo en el que estamos inmersos muchos latinoamericanos desde hace ya varios años, y cuyos impactos negativos se prolongarán durante los próximos 15 años (si nos demoramos unos meses más, ya serán 16 los años que tendremos que esperar hasta ver resultados concretos).

 

Recuerdo un trágico accidente aéreo de hace unos años atrás, cuando los pilotos de un avión que se preparaba para el despegue, escuchaban sistemáticamente un sonido de alerta, indicando que no se había cumplimentado correctamente uno de los procedimientos imprescindibles para que el aparato cobrara altura. El sonido se prolongó por instantes eternos, pero los pilotos no le prestaron atención. Esa alarma indicaba que los flaps se hallaban retraídos, producto de lo cual, minutos después el avión no pudo levantar vuelo, continuo su carrera sin poder frenar por la velocidad que traía, y se estrelló contra una planta reguladora de gas, incendiándose y dejando muertos, familias destruidas, y sobrevivientes con heridas físicas y psicológicas que los acompañarán toda su vida. Las alarmas funcionaron, pero no fueron escuchadas.

 

Tragedias evitables como ésta, se multiplican en la historia de la humanidad. No siempre cuestan vidas. En el caso de la educación cuestan la posibilidad de que las personas tengan un mejor futuro (y en muchas ocasiones que tengan al menos un futuro), que las sociedades progresen, y que los seres humanos, las familias y los países evolucionen. Al final, la falta de educación o una educación insuficiente conlleva un coste extraordinario. Pareciera que hemos o estamos desarrollado una capacidad involutiva para no escuchar señales de alerta.

 

En los sistemas educativos de Latinoamérica hoy están sonando alarmas en forma recurrente.

 

Hay una alarma que suena siempre, y que sonó muy fuerte y hace poco, en Perú, Colombia, Brasil y Argentina: la del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes – Informe PISA \»Estudiantes de bajo rendimiento: por qué se quedan atrás y cómo se les puede ayudar\».

 

Otra alarma: el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GEM) de la UNESCO pone de manifiesto el potencial que tiene la educación para impulsar el avance hacia la totalidad de los objetivos mundiales que se formulan en la nueva Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, mostrando también que se necesita una transformación profunda de la educación para realizar ese potencial y dar respuesta a los desafíos a los que se enfrentan en la actualidad la humanidad y el planeta. “Es urgente que la educación avance más decididamente”, advierte el reporte, alertando que de mantenerse la tendencia actual, la educación primaria universal en el mundo se conseguirá en 2042, el acceso universal al primer ciclo de la educación secundaria se alcanzará en 2059 y, al segundo ciclo de la educación secundaria, en 2084. Esto significa un retraso de medio siglo con respecto al plazo de 2030 fijado para los ODS, como se expresa en la presentación del estudio (acceder al informe).

 

A fines de 2015, Martha Nussbaum pronunció un discurso muy duro sobre el futuro de la educación mundial, con motivo de recibir el doctorado honoris causa por parte de la Universidad de Antioquia. En su alocución, la filósofa estadounidense manifestó: \»Estamos en medio de una crisis de proporciones masivas y grave importancia mundial. No me refiero a la crisis económica mundial que comenzó en 2008. Al menos entonces todo el mundo sabía que la crisis estaba ahí y muchos líderes mundiales trabajaron rápida y desesperadamente para encontrar soluciones. Tampoco me refiero a la crisis creada por el terrorismo internacional, eso también es reconocido por todos. No, me refiero a una crisis que pasa desapercibida, una crisis que probablemente sea, en el largo plazo, incluso más perjudicial para el futuro del autogobierno democrático: una crisis mundial de la educación”.

 

“Cambios radicales se están produciendo en lo que las sociedades democráticas enseñan a los jóvenes, y estos cambios no han sido bien pensados. Ansiosas de lucro nacional, las naciones y sus sistemas de educación, están descartando descuidadamente habilidades que son necesarias para mantener vivas las democracias. Si esta tendencia continúa, las naciones de todo el mundo pronto estarán produciendo generaciones de máquinas útiles, en lugar de ciudadanos completos que puedan pensar por sí mismos, criticar la tradición y entender el significado de los sufrimientos y logros de otra persona. ¿Cuáles son estos cambios radicales? Las humanidades y las artes están siendo eliminadas, tanto en la educación primaria/secundaria como en la técnica/universitaria, en prácticamente todas las naciones del mundo, vistas por los responsables políticos como adornos inútiles, en momentos en que las naciones deben cortar todas las cosas inútiles con el fin de mantener su competitividad en el mercado global, éstas están perdiendo rápidamente su lugar en los planes de estudio y también en las mentes y corazones de padres y niños. De hecho, lo que podríamos llamar aspectos humanísticos de la ciencia y las ciencias sociales – el aspecto creativo imaginativo y el aspecto del pensamiento crítico riguroso – también están perdiendo terreno, debido a que las naciones prefieren perseguir beneficios a corto plazo cultivando habilidades útiles y altamente aplicables, adaptadas a fines lucrativos”, alertó Martha Nussbaum, encendiendo una nueva alarma, que fue replicada por los medios de comunicación.

 

Luego tenemos otros llamados de atención a nivel local en cada país, que se suman a los alertas que se producen a nivel global y regional. Entre muchos otros, los siguientes:

 

Estos son solo algunos ejemplos de algunos de los países de América Latina, pero podríamos continuar con la enumeración de los alertas que se siguen disparando en las naciones de la región.

 

¿Estamos escuchando el sonido de las alarmas?

 

Quizás no sean demasiadas alarmas las que están sonando, o sean tantas, que ya nos acostumbramos a ellas.

 

Referencias: