e-ABC Learning

El problema no es el LMS, sino lo que queda afuera de la plataforma (donde el aprendizaje es clave, la integración es la respuesta)

Por Carlos Biscay, CEO de e-ABC Learning

En e-ABC Learning llevamos más de 25 años trabajando con tecnología aplicada a la educación y al desarrollo de personas. Vimos evolucionar las plataformas, los contenidos, los modelos de capacitación y, más recientemente, la inteligencia artificial. Sin embargo, hay una idea que para nosotros permanece constante: la tecnología es un instrumento, no el fin.

El valor de un LMS, una solución de inteligencia artificial o un catálogo de contenidos no reside solamente en sus funcionalidades. Aparece cuando permite ampliar las posibilidades de aprendizaje y desarrollar las capacidades que las personas y las organizaciones necesitan. Por eso, cuando una organización analiza su LMS solamente desde el costo de las licencias, la infraestructura o la eficiencia operativa, probablemente esté mirando una parte del problema.

Todo eso importa. Pero hay una pregunta anterior y mucho más estratégica:

¿Qué capacidades necesita desarrollar la organización y cómo puede la tecnología ayudar a desarrollarlas mejor y más rápido? Ahí cambia la conversación.

Cuando el LMS funciona, pero el aprendizaje no alcanza

Un LMS puede funcionar perfectamente desde lo técnico: gestionar cursos, registrar avances, emitir certificaciones, generar reportes. Pero eso no significa que las personas estén desarrollando las capacidades que necesitan. Podemos tener miles de cursos completados y muchas horas de capacitación. La pregunta relevante aparece después:

¿Las personas desarrollaron nuevas habilidades? ¿Pueden resolver problemas que antes no podían resolver? ¿Mejoró su desempeño? ¿La organización está mejor preparada para responder a una nueva necesidad?

Esa distancia entre administrar capacitación y desarrollar capacidades es, precisamente, una de las cosas que suele quedar afuera del LMS.

De gestionar cursos a desarrollar capacidades

Durante mucho tiempo medimos la capacitación por cursos realizados, horas de formación o porcentajes de finalización. Esa información sigue siendo necesaria, pero ya no es suficiente. En lugar de decir “estas personas tienen que realizar estos diez cursos”, podemos empezar por decir “necesitamos desarrollar esta capacidad”, e identificar a partir de allí los conocimientos, habilidades, experiencias, contenidos y acompañamientos necesarios para conseguirlo.

En este punto, la inteligencia artificial abre posibilidades extraordinarias: identificar brechas, personalizar recorridos, recomendar contenidos, acompañar a las personas y analizar grandes volúmenes de información. Pero la IA tampoco es el objetivo. Su verdadero potencial está en reducir la distancia y el tiempo entre una necesidad de la organización y la capacidad de las personas para responder a ella.

Lo que queda afuera de la plataforma

Hay dimensiones que ningún LMS puede resolver por sí solo.

Adopción. Una plataforma extraordinaria genera poco impacto si no comprendemos qué necesitan las personas que van a usarla, cómo trabajan, cuándo pueden aprender y qué las motiva.

Integraciones. Que dos sistemas intercambien información es importante, pero lo estratégico es para qué: relacionar aprendizaje con desempeño, identificar una brecha o activar una formación frente a una necesidad.

Datos. Tener más datos no significa comprender mejor. El desafío es transformarlos en información, y esa información en decisiones.

Contenidos. Cantidad no equivale a aprendizaje. Un contenido adquiere valor cuando aparece en el momento adecuado y ayuda a resolver un problema o a tomar una mejor decisión.

Credenciales y evidencias de aprendizaje. No alcanza con saber que alguien completó una actividad: cada vez es más importante reconocer y hacer visibles las capacidades adquiridas a lo largo de diferentes experiencias de aprendizaje.

El aprendizaje es un ecosistema

Por eso creemos que reducir la transformación del aprendizaje organizacional a la elección de una plataforma es una simplificación.

El aprendizaje no es una plataforma. Es un ecosistema.

Un ecosistema en el que interactúan personas, tecnología, contenidos, datos, procesos, integraciones, inteligencia artificial, credenciales y necesidades concretas de la organización. La tecnología habilita, pero no garantiza. Los contenidos aportan conocimiento, pero necesitan contexto. Los datos permiten comprender, pero necesitan interpretación. La inteligencia artificial puede acelerar procesos, pero necesita propósito y criterio. El verdadero desafío es conseguir que todas esas dimensiones trabajen de manera coherente.

Esta es también la evolución de nuestro propio trabajo en e-ABC Learning. Ya no consiste simplemente en implementar una plataforma o prestar un servicio tecnológico: cada vez más actuamos como integradores de ecosistemas de aprendizaje, combinando plataformas, contenidos, inteligencia artificial, integraciones, datos, credenciales y servicios para responder a una necesidad concreta.

Cambiar también las métricas

Los indicadores tradicionales —cursos realizados, horas de capacitación, usuarios activos, porcentajes de finalización— siguen siendo útiles, pero fundamentalmente nos dicen qué actividad hubo. Necesitamos indicadores que respondan otras preguntas: ¿qué brechas conseguimos cerrar? ¿Cómo impactó el aprendizaje en el desempeño? ¿Qué podemos hacer ahora que antes no podíamos hacer?

Y hay un indicador que probablemente adquirirá cada vez mayor importancia: el time to capability, el tiempo que transcurre entre identificar una capacidad necesaria y conseguir que las personas efectivamente puedan ejercerla. En un contexto en el que la tecnología, los mercados y los modelos de trabajo cambian cada vez más rápido, reducir ese tiempo puede convertirse en una verdadera ventaja competitiva.

Del LMS al impacto

Ya no alcanza con implementar un LMS, incorporar inteligencia artificial, integrar sistemas o disponer de grandes catálogos. El valor aparece cuando conseguimos conectar las necesidades de la organización, las capacidades que deben desarrollar las personas y un ecosistema tecnológico capaz de acelerar ese proceso y medir sus resultados.

Por eso nuestra mirada parte de la tecnología, pero no termina en ella. La plataforma, los contenidos, los datos, las integraciones y la inteligencia artificial importan. Pero todos son medios. La cuestión fundamental sigue siendo la misma: qué necesitan aprender las personas y qué necesita ser capaz de hacer la organización.

Quizás, entonces, la pregunta estratégica ya no sea solamente: ¿cuánto cuesta nuestro LMS? Sino una bastante más importante:

¿Cuánto tiempo necesitamos para convertir una nueva necesidad de la organización en una nueva capacidad de nuestra gente?

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